Mondom, un poblado en décadas de promesas sin carretera

A apenas dos kilómetros y medio de la ciudad de Añisok, una distancia que en cualquier otra localidad se recorrería en minutos, se encuentra Mondom, un poblado cuya realidad parece haberse detenido en el tiempo. Lo que podría ser un trayecto sencillo se convierte en un desafío diario para sus residentes, quienes desde hace décadas viven aislados por la ausencia de una carretera transitable.

Mondom es un poblado que habla, a gritos silenciosos y de promesas nunca cumplidas. La situación no es nueva para sus habitantes. Desde hace años, han visto desfilar a distintos representantes y diputados encargados de la zona, especialmente durante los periodos electorales. Todos, sin excepción, llegan con el mismo discurso: «Vamos a construir la carretera». Sin embargo, una vez pasadas las elecciones, las palabras se las lleva el viento y el poblado vuelve a quedar relegado a su suerte.

Los vecinos aseguran que la falta de infraestructura no solo dificulta la movilidad, sino que condiciona profundamente su calidad de vida. Para llegar a la ciudad más cercana, sea por razones médicas, educativas o comerciales, las familias deben enfrentarse a un camino que, según describen, “solo se podría llamar carretera por cortesía”. En época de lluvias, la vía se vuelve casi intransitable, y en temporadas secas el polvo y los baches hacen que cualquier desplazamiento sea una odisea.

La única intervención “regular” que recibe la carretera es el chapeo que realizan cada año, especialmente cuando se aproximan celebraciones o visitas oficiales. Los hombres encargados de chapear la vía limpian la maleza para permitir un acceso mínimo a vehículos, pero la acción es apenas un parche que se deshace con el paso del tiempo. “Eso no es una solución, es solo un maquillaje”, afirma uno de los residentes, quien recuerda que este ritual anual se repite sin que exista un proyecto real de pavimentación.

Los pobladores dicen haberse cansado de solicitar apoyo. Aseguran haber presentado sus quejas y necesidades a los diputados que han pasado por la zona, pero las respuestas nunca llegan más allá de las promesas verbales. La comunidad se pregunta si el propio Gobierno central, desde Malabo, está al tanto de la precariedad en la que vive Mondom. “No sabemos si nuestras quejas llegan arriba o si simplemente nadie se interesa por nosotros”, comenta una vecina que lleva más de treinta años viviendo en el lugar.
Transportar un vehículo hasta Mondom, según explican, es casi una tarea de fuerza: los coches deben sortear zanjas, lodo y tramos donde prácticamente no hay suelo firme. Para emergencias, trasladar a un enfermo o embarazada implica riesgos, retrasos y, en ocasiones, la imposibilidad de llegar a tiempo.

Mientras tanto, cada ciclo electoral trae consigo una nueva visita de políticos que, megáfono en mano, vuelven a solicitar votos para “impulsar el desarrollo de la zona”. Pero la gente ya no cree. La desconfianza se ha instalado en la comunidad. “Prometer, prometen. Cumplir, nunca”, lamentan.

Mondom continúa esperando una carretera que no debería ser un privilegio, sino un derecho básico. Sus habitantes aguardan, no con esperanza, sino con cansancio, a que un día alguien escuche realmente sus voces y convierta en realidad lo que durante décadas ha sido solo discurso. Mondom sigue ahí: un poblado en el olvido

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Fructuoso Pelayo Eyene Ovono

Periodista y redactor de la revista IMPACTUS

Mondom, un poblado en décadas de promesas sin carretera

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