El Papa advierte contra el egoísmo y llama a una Iglesia comprometida con la justicia y la solidaridad

En la recta final de su homilía, el Pontífice alertó sobre el peligro de una sociedad individualista y pidió a los fieles vivir una fe activa basada en el servicio y la fraternidad.

‎El Papa cerró su mensaje en Malabo con un fuerte llamado a la acción, advirtiendo sobre los riesgos de una “tristeza individualista” que, según explicó, nace del egoísmo y del aislamiento espiritual.

‎Inspirándose en las enseñanzas de la Iglesia, señaló que cuando la vida se centra únicamente en intereses personales, “ya no hay espacio para los demás”, ni para los pobres ni para la voz de Dios. Esta crítica apunta directamente a los desafíos sociales contemporáneos, donde la desigualdad y la indiferencia siguen marcando la realidad.

‎El Pontífice subrayó que la fe cristiana debe traducirse en hechos concretos: servicio, perdón y compromiso. “La evangelización se hace gesto”, afirmó, insistiendo en que el testimonio de vida es la forma más auténtica de predicar el Evangelio.

‎Asimismo, recordó que el Bautismo es un vínculo de fraternidad que obliga a los creyentes a construir una sociedad más justa y solidaria. En este sentido, animó a la Iglesia en Guinea Ecuatorial a continuar la misión de los primeros discípulos con entusiasmo y responsabilidad.

‎El mensaje final fue claro: la fe no puede quedarse en lo espiritual, debe convertirse en motor de transformación social.

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